Galería > Nuestro pueblo

A estas alturas, y salvo que sea de un pavo de remate, se habrá quedado fascinado con la naturaleza de nuestro valle.

Pero nuestro diminuto pueblo, y los pueblecitos de nuestro valle, no se quedan atrás. Por lo pronto, son unos cachondones de mucho cuidado y buscan cualquier excusa para hacer una fiesta. Vamos, fíjese que si se apuntan a un bombardeo que estoy seguro que si propone algún evento a la comisión de festejos -pregunte a cualquiera, que medio pueblo pertenece a ella-, se apuntan de inmediato. Si le gusta la música, en la estación de tren, a un pequeño paseo de la finca río arriba, en el Bar Allioli suelen organizar cada dos por tres festivales de no te menees.

La primera de la fotos es un magnífico campo de futbito-multiusos que está a cinco minutos río arriba de la finca, donde comienza la estación de tren, que evidentemente está a su disposición al igual que las magníficas instalaciones deportivas del pueblo, con su gimnasio -magnífico-, sala de exposiciones y un enorme salón de actos, o su biblioteca. Si quiere hacer algún evento privado de empresa o lo que sea, pída permiso en el Ayuntamiento, que dudo mucho que se lo denieguen. Un pueblecito muy chiquitito, pero donde tenemos de tooooooooooooooooooooooo, y donde, sobre todo, tenemos a una gente maravillosa.

RETO RETOSO: ¿QUIEN SE ATREVE A ORGANIZAR UN DESCENSO JIMERA-ESTACIÓN EN PATINETE O COCHE DE 4 RUEDAS SIN MOTOR UNIPLAZA?. Son unos 2-3 km de descenso con una carretera muy buena y apropiadísima...

Lo que sí que quiero advertirle muy seriamente es una cosa: No se le ocurra comprar jamones o chacinas en el pueblo. Son mucho peores que las drogas. Como pruebe una lonchita de jamón de Jimera, finita, pringosita, en su justo punto, o un choricito frito, se habrá perdido para siempre, le dejará de gustar todos los demás jamones y chorizos y tendrá que venir una y otra vez a nuestro pueblo a comprarlo para quitarse el mono tan tremendo que tendrá de estas deliciosísimas golosinas campestres.

Y por último, no puedo dejar de mencionar mi agradecimiento a Karl Smallman, -uno de los múltiples jimeranos nacidos en la quinta puñeta que cuando han visto el lugar, se han quedado aquí para siempre- y que ha tenido la gentileza de permitirme usar las increibles fotos que pongo a continuación y otras muchas repartidas por la web, que seguro que si son buenas, buenas, son suyas. Echadle un vistazo a su web, y veréis que fotos tiene... www.provision360.com.